< Prologo N°4 >

|


Lo cómico de todo es que, trans­versalmente, cada uno de nosotros escriben papelitos, aunque su exis­tencia sea insignificante para tanto caos existente. Escribir, está en nuestra esencia, es imperioso en algún momento de nuestras vidas sentarnos junto a un papel y un lápiz para confesarles que ocurre en lo más profundo de nuestras almas.

Una vez conocí de la existencia de un profesor de universidad que recolectaba papelitos que yacían en los suelos, teñidos de polvo, acom­pañados por el olvido. Los guar­daba en una caja de zapatos. Entre todo aquel compendio de palabras guardadas habían

cartas, recordatorios, oraciones, masajes y algunos te quiero. Sin duda su gran tesoro era una carta de despe­dida… quien la escribía término con su vida.

Las palabras nos persiguen hasta nuestra muerte, expresarnos nos ayuda a crecer y pienso que si nos interesamos por lo que otros es­criben podemos llegar a relacio­narnos más armónicamente, por­que nos hacemos con las experien­cias ajenas y partir de ese mo­mento crecemos como sociedad. Es por ello que nuestra invitación sigue en pie.

Muévete, haz sinapsis y par­ti­cipa. ¡NO SEAS UN CóMPLICE MáS!



0 comentarios:

Publicar un comentario