< Chilenos Al Bicentenario: Somos Lo Que Callamos >

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"PapeLitos que quedan fuera por extensión"

Nadie mejor que Nietzsche puede explicar lo que ocurrirá el próximo año en Chile. Dionisio se apoderará de nuestras calles, tiraremos la casa por la ventana, e invitaremos a todos los países del mundo, para celebrar que vivimos en un país “democrá­tico, libre y solidario”. Pero usted señor lector, para usted, así, entre nosotros ¿Qué es Chile para mí?, ¿Me parece heroico lo de Prat?, ¿Qué es el Bicentenario?, y para no ser inocentes, ¿A quién sirve el Bicentenario?, o bien, ¿A quién le favorece que hablemos de bicente­nario?

Sin lugar a dudas abordar estas preguntas no es materia sencilla, pues es fácil caer en nacionalismos inconvenientes, espíritus retrógra­dos y un cuanto hay de fauna político-histórica que tienen una suerte de respuesta magistral para interpretar a Chile, su historia y a su gente, aunque le parezca senci­llamente increíble que exista esa gente, conozco a varios que han pretendido autoasignarse dicha condición.

Nuestros objetivos son otros, no optamos por la definición sino por la pregunta, y si le hacemos esa pregunta a usted, no es para responderla, pues creo que tiene mayor valor el simplemente plan­tearla, he invitar a la reflexión, y para ello precisamos ciertos ele­mentos de base para su análisis.

Primero, y siguiendo el enun­ciado de “país democrático, libre y solidario”. Por un lado, ¿se puede hablar de libertad y democracia?, cuando sólo el 7 % de los chilenos que votan por un candidato en las elecciones presidenciales, lo hacen pensando en que: “me gustaría que este ganara la presidencia, porque lo encuentro honesto”. Pues seño­ras y señores, tal es nuestra reali­dad.

Se dice que los jóvenes no parti­cipan, nada más falso, ¿Quién hizo la revolución pingüina en 2006?. Por otra parte, Chile nunca tuvo tantas ONG, tantas donaciones, y un nivel de cobertura a la pobreza tan desarrollado como hoy. Esto lo pueden consultar en la red del Mideplan, y como se darán cuenta, se trata del mundo de los jóvenes quienes participan de ello, que se preocupan de las necesidades concretas de las personas.

Ahora, replanteemos el pro­blema, ¿Por qué no participan en política?, ¡ahora sí está bien for­mulado!, yo me pregunto antes de responder, ¿Qué hace Chile por sus jóvenes? Una respuesta parcial es, los estigmatiza cuando provienen de estratos marginales, les paga menores remuneraciones cuando parten su vida laboral, les condena a la vida de las deudas desde la educación, por ejemplo, ¿sabía usted que padecemos el sistema educacional más caro del mundo, si comparamos nuestros ingreso país versus lo que cobran los plan­teles universitarios?, ante esto, ¿no les parece algo injusto “pedir peras al olmo”?, ¿Cómo se les puede pedir gratuidad en el servicio público a los chiquillos que salen endeudados de su “alma ma­ter”? ¿No es que acaso se confun­den los derechos?, al final lo pú­blico se confunde con lo privado y lo privado con lo público. Históri­camente los jóvenes en la tradición de Chile pasaron de ser actores fundamentales, como fueron O´Higgins, Carrera, Rodríguez y hasta el mismo Portales, que no superaban los 35 años cuando estuvieron en el gobierno, o los mismos ministros de Alessandri, Allende, Frei y hasta incluso Pino­chet, con ministros que actual­mente siguen estando después de 20 años asociados a los partidos políticos en el gobierno y en la oposición. Pero es en este momento de la república, o de la difunta república, que sólo un 10 % del colegio electoral sale de ese grupo, otrora tan relevante.

Esto es un tema serio, que nos lleva a plantearnos el tema del bicentenario, pues sino nos preocu­pamos de la relación entre política y jóvenes, podemos estar condicio­nando la estabilidad democrática hacia el futuro, ¿Qué pasará en Chile cuando –siguiendo las esta­dísticas actuales- de 20 millones sólo voten 2 millones?. El escenario de lo informal se abre hacia el populismo o la revolución, que tanto daño hizo a la idea de Chile en el siglo XX.

Esto es lo fundamental a mi jui­cio respecto del Bicentenario, y es el provecho que tenemos que sa­carle, el bicentenario ya partió en el mismo momento que usted se puso a pensar en Chile, pero por sobretodo, cuando usted se puso a pensar en aquel que tiene al lado, pues cuando no pensamos en el que está al lado, es cuando esa indife­rencia genera violencia, que se traduce en robos, en problemas sociales de toda índole. A Este respecto ¿Es Chile solidario?, no lo veo, y no se trata de hacer una Teletón para demostrarlo, ¿Nues­tras cárceles hablan de solidari­dad?.

Finalmente, el chileno del bi­centenario debe de pasar del callar al hablar, del ver al participar, del conocer al hacer y del hacer al amar profundo nuestra situación. Chile es un país lejano, los que han venido hasta acá han sido unos aventureros que supieron sobrepo­nerse a la realidad, los nativos también hacen su parte, y todos hemos hecho de este pedazo de América algo nuestro, no lo per­damos, no callemos las injusticias que hoy vemos y construyamos ese Chile del que tanto se habla, “El Chile del Bicentenario”.


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